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LA CHATARRA DE COBRE Y SUS ALEACIONES DEJÁN DE SER RESIDUOS

 

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El reglamento 715.2013, publicado a finales de julio de ese mismo año, el cual entró en vigor el 1 de enero del 2014, establece los criterios para determinar cuándo la chatarra de cobre y sus aleaciones dejan de ser residuos una vez procesados por el recuperador, pasando así a considerarse producto. Este reglamento supone la continuación delreglamento 333.2011 que marca los criterios que determinan cuando la chatarra de hierro, acero y aluminio dejan de ser residuos y que se publicó en el año 2011 con una estructura similar al Reglamento 715/2013.

 

La Federación Española de la recuperación y el reciclaje (FER) ha sido uno de los principales impulsores de que distintos tipos de chatarra, una vez procesada por los recuperadores, dejara de considerarse residuo. Hace muchos años que se ha venido trabajando en la Unión Europea para desarrollar los criterios de desclasificación de las chatarras preparadas como residuo. FER ha formado parte del reducido grupo de expertos que, junto al Instituto de Prospectiva Tecnológica de la Comisión Europea (IPTS), ubicado en la Isla de la Cartuja en Sevilla, trabajaron para elaborar el informe que define qué pautas de calidad y tratamiento se deben cumplir, dando el punto de vista de la industria para intentar establecer “unos criterios lo más claros posibles y que se adaptasen en la medida de lo posible a la realidad de nuestra actividad”.

 

Con esta reforma que incorpora los 3 principales metales en cantidad en el mundo de la recuperación y el reciclaje (cobre, aluminio y acero), los recuperadores entendidos como recicladores, pasan a ser el eslabón clave en todo proceso de tratamiento y reciclaje de residuos convertibles en nuevas materias primas. Se reconoce así la labor de procesado, limpieza y homogeneización llevado a cabo por el sector de la recuperación y el reciclaje para finalmente obtener materiales reciclados que sirven de materia prima a acerías y refinerías de aluminio y cobre.

 

Criterios que deben cumplirse

 

Para que la chatarra de cobre y sus aleaciones pierdan la condición de residuo tras ser procesadas por un gestor y, por tanto, se considere producto, deben cumplir con los siguientes requisitos:
– Han de tenerse en cuenta unos requisitos determinados de pureza y calidad de la chatarra resultante de la operación de recuperación limitándose así la cantidad de materiales extraños, óxidos metálicos, aceites, etc. (descritas en la sección 1 del Anexo I del Reglamento)
– Ha de controlarse los residuos que se pueden utilizar como material de entrada en la operación de recuperación (descritos en la sección 2 del AnexoI)
– La chatarra de cobre habrá sido procesada y tratada para permitir su uso directo final como materia prima del proceso de producción de cobre (procedimientos y técnicas de tratamientos marcados en la sección 3 del Anexo I)
– Ha de implantarse y verificarse cada 3 años un Sistema de Gestión que constará de una serie de procedimientos documentados y controles, para demostrar el cumplimiento de los criterios (marcados en el artículo 5).
– Habrá una declaración de conformidad, que debe acompañar a cada envío de chatarra (según modelo del Anexo II). Y además, se debe guardar al menos durante un año y estar a disposición de las autoridades competentes, tal y como se explica en el artículo 4.

 

 

En la práctica
Este reglamento se aplicará únicamente a materiales procesados por un gestor, es decir, no se aplica a chatarras generadas en talleres, fábricas, etc. Para que pierda la condición de residuo, el productor (el productor es el poseedor que transfiere chatarra a otro poseedor por primera vez como chatarra que ha dejado de ser residuo) o el importador, debe emitir en cada envío una declaración de conformidad según el modelo que figura en el Anexo II del Reglamento.

 
Además, se aplica solo a la libre elección del reciclador, ya que él decide libremente si emite o no la declaración de conformidad. Si decide emitir (y cumple los requisitos para poder emitir la declaración de conformidad) el material deja de ser residuo. Por el contrario, si una empresa decide no emitir su declaración de conformidad, el receptor de la chatarra no puede considerar que la chatarra que se le ha entregado ya no es un residuo, independientemente de que cumpla o no el resto de criterios.

 

 

Y, al igual que sucedió con las chatarras férricas y de aluminio, una vez que la chatarra se convierte en producto tiene una serie de implicaciones con relación al Reglamento Reach. Por este motivo, la FER, junto a las asociaciones europeas de metales férricos y no férricos (EFR y Eurometrec), ha trabajado en una serie de documentación fin condición de residuo y Reach para aclarar los puntos más importantes a tener en cuenta, así como para facilitar su cumplimiento a sus asociados. Por último, la aplicación de dicha normativa de fin de residuos no tiene efectos en el régimen del IVA. Según explican desde la FER, se sigue aplicando la inversión del sujeto pasivo aunque la chatarra deje de ser residuo.

 

Ventajas para el reciclaje

 

El establecimiento de estos nuevos criterios para marcar cuando ciertos residuos dejan de serlo, supone un impulso al reciclado principalmente por las siguientes cuestiones:

 
– Se reducen las cargas administrativas del comercio de los materiales reciclados.
– Se fomenta el reciclaje al poner en situación de igualdad competitiva a las materias primas vírgenes y a las recicladas.
– Ahorro de costes económicos, tiempo y personal.
– Más de 8 millones de toneladas de metales al año en España (sumando cobre, aluminio y acero) pueden beneficiarse de esta condición.

 

Fuente: Reordena

El reciclado de chatarra de cobre

El cobre, al igual que otros metales, puede ser reciclado un número ilimitado de veces sin perder ni degradar sus propiedades químicas o físicas, siendo uno de los materiales más reciclados ya desde la antigüedad –algunas estimaciones mantienen que el 80% de todo el cobre extraído durante los últimos 10 mil años aún está en uso en la actualidad–.

 

La fuente más importante de chatarras de cobre son los productos que han finalizado su ciclo de vida funcional (chatarra obsoleta). Entre ellos se encuentran los residuos de construcción (instalaciones de fontanería, gas y calefacción o cables eléctricos), así como equipos eléctricos y electrónicos y productos de latón.

ciclo de vida del cobre

El proceso de reciclado del cobre consta básicamente de la recogida y clasificación de las chatarras de cobre en función de sus niveles de pureza para su posterior envío a la fundición o tratamiento ulterior. Así:

 

– Los residuos de cobre puro pueden ser fundidos directamente. Su pureza se comprueba mediante análisis químicos cuando aún está en estado líquido. Después se desoxida y lleva a formas intermedias (como lingotes) para usarlos en otros procesos.

 

– Los residuos que contienen óxidos se funden para formar ánodos que van a electrorrefinación para obtener el nivel de pureza deseado.

 

– En algunas aleaciones, como el latón y el bronce, el residuo de cobre se funde y forma más aleaciones, sin que se vuelva a refinar.

 

– Si el residuo de cobre está mezclado con otros minerales, se evalúa la relación coste-beneficio del proceso de volver a refinarlo. Si esta relación es muy alta —como en el caso de la lata y el níquel que sólo se pueden separar mediante electrorrefinación—, el residuo de cobre se destina para fines no eléctricos, que no requieren niveles de alta pureza.

 

El reciclado de cobre plantea importantes ventajas de carácter medioambiental (la minería de cobre suele estar ligada a fuertes impactos medioambientales) o económicas (la cantidad de energía necesaria para reciclar el cobre es sólo alrededor de un 25% de la requerida para convertir el mineral de cobre en metal).
El reciclado proporciona una parte fundamental de las necesidades totales de cobre metálico, donde se estima que en 2004 el 34% de la demanda mundial se satisfizo mediante el reciclado de objetos viejos de cobre (incluyendo el refundido de los desechos del proceso de refinado del mineral (chatarra propia)).
Un ejemplo de reciclaje masivo de cobre lo constituyó la introducción del euro en 2002, que obligó a sustituir las monedas nacionales de doce países europeos, eliminando de la circulación unas 260 mil toneladas de monedas (con un peso aproximado de 147,5 millones de toneladas de cobre), que fueron fundidas y recicladas para su uso posterior en una amplia gama de productos industriales y de consumo.

 

Fuente: El sector del reciclaje de metales en España. Observatorio industrial del sector del metal. Imagen: CODELCO

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